maderne / crítica literaria e teatral... E POLÍTICA

un espazo para partillar críticas, comentarios, reseñas e outros documentos sobre literatura, teatro, arte, cultura..., amenizado por Manuel F. Vieites




sábado, 18 de junio de 2011

Obra dramática de Francisco de Quevedo


Francisco de Quevedo, Obra dramática

MF Vieites


La creación dramática de expresión castellana supone un patrimonio difícil de cuantificar, tan sólo considerando la que se escribe y edita en España hasta mediados del siglo XIX. Tal vez ahí podríamos marcar la frontera para designar la literatura que cabría señalar como clásica, si bien hay autores como Lorca, Valle-Inclán o Galdós que difícilmente se pueden dejar de citar en aquella. Pensando en la escenificación, se nos antoja una tarea ingente para tantas compañías que cada día se deciden a explorar, algunas con notable fortuna escénica, esos textos que acaban por parecernos un primor. No hace tanto Ernesto Caballero nos deleitaba con un espectáculo magnífico elaborado a partir de textos de uno de nuestros grandes olvidados, Ramón de la Cruz. Y como él, ¿cuántos?

Nos llega ahora una magnífica edición que recoge una buen parte de la obra dramática de Francisco de Quevedo, uno de los pesos pesados de nuestras letras, al que debemos novelas como la Historia de la vida del Buscón llamado Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños, o un caudal de poesía en la que encontramos todo tipo de registros y subgéneros. Sin olvidar un variado conjunto de escritos de diversa índole, entre los que están las Cartas del caballero de la Tenaza, la Execración contra los judíos o Providencia de Dios. Textos que sirven para dar una idea más cabal de un escritor que, como en el caso de Aristófanes, se puede considerar ora avanzado en sus ideas y pareceres ora profundamente reaccionario. Sea como fuere, estamos ante uno de los escritores que supo elevar la lengua castellana a cumbres insospechadas.


Como Luis de Góngora, aquel otro gran poeta pocas veces recordado, Quevedo escribió varias obras dramáticas, destacando sobre todo en el género de lo breve (entremeses, loas, bailes), y alguna de sus obras había sido incluida en las diversas antologías que se ocupan de la denominada dramática breve o festiva del Siglo de Oro. Pero el volumen que ahora tenemos entre manos recoge una buena parte de su producción, pues todavía hay piezas que no figuran en su haber al no estar probada su autoría o no poseer indicios suficientes de la misma.

Ahora se edita la comedia titulada Como ha de ser el privado, acompañada de fragmentos de otras dos, entre ellos el que pertenece a la pieza Pero Vázquez de Escamilla. Sigue un total de trece entremeses, algunos en dos partes, y once composiciones catalogadas como loas y bailes. Con ellos podremos saborear la importancia que la creación dramática tenía en España en un momento en el que el teatro era una de las más importantes diversiones, como dejó escrito Agustín de Rojas en El viaje entretenido. Obras que nos muestran la mirada peculiar con la que Quevedo observa y recrea el mundo que le rodea. En su única comedia completa, Como ha de ser el privado, asistimos a una especie de defensa poética de las cualidades que ha de poseer un valido real, escrita para mayor gloria de Gaspar de Guzmán y Pimentel Ribera y Velasco de Tovar, más conocido como Conde-Duque de Olivares. Sus entremeses recrean todo tipo de personajes y situaciones, si bien Quevedo opte por centrar su mirada en sujetos que se situaban en la periferia de la sociedad de la época, como maridos cornudos, astutas celestinas o viejos celosos. Y en todos destaca, como se dijo, el dominio con el que nuestro autor utiliza la lengua castellana, con lo que su lectura se convierte en un verdadero deleite, mayor si cabe gracias al excelente trabajo de los editores del volumen, que acompañan cada texto con abundantes notas que iluminan nuestra lectura, y que además nos ofrecen una magnífica introducción para comprender más y mejor la incierta relación del autor con las tablas. 

Quevedo, Francisco de: Teatro completo. Edición de Ignacio Arellano y Celsa Carmen García Valdés. Madrid: Cátedra. 2011. 651 páginas.



No hay comentarios: