maderne / crítica literaria e teatral... E POLÍTICA

un espazo para partillar críticas, comentarios, reseñas e outros documentos sobre literatura, teatro, arte, cultura..., amenizado por Manuel F. Vieites




domingo, 9 de mayo de 2010

Viena como materia

Paisajes de la Viena popular

MF Vieites

Una reseña publicada en ADE/Teatro

Cuenta Lawrence Sullivan, en un artículo de 1986, que a principios de 1906 el Teatro de Arte de Moscú llega a Dublín en tal estado de bancarrota que la única salida que le queda al profesor Vladimir Nemirovich-Danchenko es suspender la gira y regresar a la capital de Rusia. Entonces aparecen en escena Nikita Baliev y Nikolai Tasarov, que entregan a la compañía, y a fondo perdido, la cantidad de 16.000 dólares americanos. Baliev, nacido en Rostov en 1877, en una rica familia de comerciantes, amaba profundamente el mundo del espectáculo al que consagraría toda su vida. Su generosidad con Stanislavski y Danchenko le permitió entrar en la compañía como ayudante en oficios varios y años después crear en Moscú el Letuchaya Mysh, o Murciélago, un teatro de cabaré en el que participaban actores y actrices del TAM y que recorrería con éxito media Europa hasta establecerse en Broadway. Baliev fue uno de tantos ricos herederos que al amparo de una fortuna familiar considerable decide aventurarse en el campo de las artes, sin otra preocupación que frecuentar los locales de moda o promover las más diversas experiencias. Con todo, llegaría a ser un excelente animador, ejerciendo el rol de maestro de ceremonias primero en el Teatro del Murciélago, y después con la compañía, que gira por Londres, París, Madrid o Nueva York. El propio Konstantin Stanislavski tenía una procedencia similar.

Diversos avatares sociales y políticos, desde la Revolución de Octubre a la instauración del Tercer Reich, con todas sus fatales consecuencias, provocaron múltiples cambios de fortuna a nivel individual y colectivo. Entre esos cambios podemos destacar los que vivirá la aristocracia del Imperio Ruso o de los países de Europa central o las minorías judías. En uno y otro caso, revoluciones de signo diverso transforman de manera radical el estatus de miles de personas que, más allá de una pequeña minoría que se instala en un exilio dorado que en algunos casos todavía se mantiene, pasan a ser emigrantes, apátridas, extranjeros o simples apestados y que van a vivir situaciones extremas de xenofobia o de simple exterminio. La situación financiera de muchas familias se verá además seriamente afectada con la crisis del 29. Un buen ejemplo de esa situación de pérdida acelerada de estatus y referentes es la que viven los Adamov, otrora importantes comerciantes procedentes de Shusha, antes Armenia y ahora Nagorno Karabakh, y con negocios petroleros en Bakú.

Odon Von Horváth no padeció tales calamidades, pero su infancia sí se vio afectada por diversos acontecimientos que van a transformar sustancialmente el mapa de Europa. Nace en 1901 en Fiume, en lo que hoy es Rijeka, y su apellido, “hrvat”, es un indicio claro de sus orígenes, en tanto la palabra significa “croata”. Además, a decir la Filología, procedía de una familia de la nobleza local eslovena pues el origen nobiliario en la lengua húngara se indicaría añadiendo la letra “h” al final de un apellido, y el suyo la tiene. Era hijo de un diplomático austrohúngaro de procedencia eslovena y de María Prehnal, de ascendencia húngaro-alemana. Como él mismo relataría en varias ocasiones, vive en Belgrado, Budapest, Bratislava o Viena, antes de instalarse en Munich, en cuya universidad estudia. Nació en los límites del Imperio Austro-Hungaro, cursó sus primeros estudios en Budapest, con el húngaro como lengua vehicular, y finalmente se asoma a la cultura alemana, adoptando su lengua en la que escribe toda su obra. Su peripecia es similar a la de otros escritores que, a lo largo del primer tercio del siglo veinte, y por motivos variados, deambulan por Europa con sus familias. De ahí nace el desarraigo, que se presenta como una de las más importantes características de sus obras. Desarraigo frente a la idea de nación y desarraigo frente a las ideologías. Como otros autores será uno de los abanderados de ese relativismo distante que practican algunos de los pensadores más importantes del siglo XX. Con todo, hay que señalar su firme compromiso contra el Tercer Reich, lo que le costó numerosas prohibiciones o la huída al exilio. En 1931 logró el premio Kleist, el más importante galardón a la creación dramática de expresión alemana, lo que provocó la ira del Partido Nazi. Esa ira es comprensible si consideramos la parodia que les dedica en la figura de Erich, uno de los personajes centrales en Historias de los Bosques de Viena.

Odon Von Horváth es un dramaturgo poco conocido entre nosotros, a pesar de que algún espectáculo colocó su nombre en el cartel en Madrid o Barcelona. Más conocidas son sus narraciones, entre las que destacan Juventud sin dios o Un hijo de nuestro tiempo, duros alegatos contra el totalitarismo y contra los instrumentos de dominación, como el lenguaje. Nos llega ahora, sin embargo, este volumen que contiene dos textos significativos de un autor que fallece en el exilio parisino en 1938, cuando una rama de un árbol le golpea en la cabeza, mientras transitaba por la avenida de los Campos Elíseos.

El divorcio de Fígaro es una interesante creación con nuevas aventuras del conocido personaje de Beaumarchais, protagonizadas en compañía de su amada Rosina, el Conde Almaviva y su esposa. Como telón de fondo, sitúa una revolución que parece tener lugar allá por los años veinte (el autor habla de “nuestra época”) y que hace que el Conde huya de España en compañía de sus fieles criados, para luego deambular por Europa y retornar a sus antiguas posesiones en Andalucía. En la obra se presenta una dura crítica al concepto de revolución, como el propio Horváth anuncia en el “prologo”. En buena medida en la figura del Conde Almaviva estarían representados todos esos nobles que, de una u otra forma, vieron mudada su fortuna a causa de los cambios políticos que se suceden en Europa desde 1789.

En el ámbito de la creación dramática se le considera seguidor de Johan Nepomuck Nestroy, actor y dramaturgo austriaco que vive entre 1801 y 1862, y que dio un fuerte impulso a un género dramático conocido como “Volksstück”, y que se podría traducir como “drama popular”, lo que en buena medida vendría a sancionar aquella frase de Von Horváth, cuando afirmaba que su única patria era el pueblo. En ese género del “Volksstück”, existen diversas variantes desde que se consolida en los teatros austriacos a partir de los trabajos pioneros de Joseph Antón Stranitzky (1676-1726) o Gottfriedd Prehauser (1699-1769), creador y desarrollador, respectivamente, de ese personaje denominado Hanswurst, o “Juanillo Salchicha”; un bufón, payaso o arlequín vinculado con la vieja tradición del Fastnachtspiel, que daría lugar a una considerable variedad de tipos populares. Las obras de Von Horváth estarían vinculadas con el subgénero del “Localstück”, una especie de farsa moral o paródica, de carácter realista y en la que se recrean personajes y costumbres populares de la ciudad de Viena, con abundancia de canciones y con un lenguaje popular, ajeno al tono académico de otras tradiciones literarias o escénicas. El género fue cultivado por otro gran dramaturgo vienés como Arthur Schnitzler (1862-1931) en su conocido Liebelei, o El juego del amor, que data de 1895.

En esa tradición, local y popular, se enmarca Historias de los Bosques de Viena, una obra con una filiación entre expresionista e hiperrealista. Expresionista por cuanto nos ofrece una visión descarnada y crítica, sumamente ácida, de un mundo fragmentado, sin valores, exagerado en su fealdad, si bien a diferencia de las estampas de Grosz, aquí no hay necesidad de abundar en la deformación o la hipérbole. Basta con retratar lo real, lo cotidiano para que la podredumbre asome. Ahí reside la deriva hiperrealista, porque no oculta nada, todo lo muestra, de forma que los personajes se presentan sin máscaras, como la singular abuela de Alfred, que no oculta su deseo de que su biznieto, al que considera un “bastardo”, se muera de una vez, hasta que finalmente provoca su muerte. El texto se ocupa de los amores y desamores de un grupo de personajes que habitan una calle tranquila de un distrito pequeño-burgués y que representan un sector importante de la sociedad vienesa, con tipos realmente sorprendentes como el matarife Havlitschek o el iracundo Erich. Ahora bien, Horváth parte de un género, que nosotros podríamos comparar al sainete, para ofrecernos una visión ciertamente crepuscular de una sociedad sin valores, en ruinas, visión que en buena medida nos aproxima al esperpento, a la comedia “bárbara”. Destaca la rápida sucesión de escenas, y los tránsitos de todo tipo que se producen entre ellas, como los que tienen lugar en los Bosques de Viena, entorno paradisíaco donde los roles sociales se derrumban ante la fuerza del instinto.

Las dos obras nos llegan traducidas por el catedrático Miguel Ángel Vega Cernuda y el profesor Juan Antonio Albadalejo Martínez, ambos de la Universidad de Alicante. El primero es autor también de una introducción que no tiene desperdicio, sobre todo porque en ocasiones parece que más que presentar a Horváth el objetivo del prólogo es denostar a Brecht, a Tierno Galván o a la movida madrileña y alabar a los hermanos Quintero. Me imagino que el catedrático Vega Cernuda no ha reparado en las similitudes existentes entre las Historias de los Bosques de Viena y ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, la película de Pedro Almodóvar, un cineasta reconocido mundialmente. ¡A ver si al final resulta que a Odon Von Horváth se le podría considerar un precursor del posmodernismo en función de su querencia por la hibridación, por la cultura popular o el collage, y en su desconfianza ante los grandes relatos!

Pues bien, dejando a un lado a Brecht, a Tierno Galván, a La Luna de Madrid (¡y no la de pedrojota!), y al río Pisuerga, que no pasa por Viena, se trata de dos textos de lectura muy placentera y divertida, sumamente polémicos y que invitan a la reflexión.

Von Horváth, Odon: Historias de los bosques de Viena, El divorcio de Fígaro. Edición de Miguel Ángel Vega. Madrid: Cátedra Letras Universales, 2008. 205 Páginas.

No hay comentarios: